​La pintura puede contener universos intangibles en su interior. Al igual que una estructura arquitectónica que se basa en una serie de pautas y patrones compositivos, al igual que el dibujo que se articula a través de la compleja y a la vez simple estructura de la línea.

La pintura maneja dos conceptos formales propios de su lenguaje: la densidad matérica y la profundidad que el color puede trasmitir si se desliga de la forma, e incluso, del propio formato que implica el soporte de la obra en sí.


Las representaciones no sólo pueden transmitir pasado, presente y futuro, no sólo pueden transmitir volumetría, e incluso, dar varias informaciones volumétricas a la vez. O introducimos en la mente del propio creador y atisbar lo que está pensando; éstos dos conceptos se desligan de la intencionalidad primigenia de su creador y pasan a ser interpretados por el espectador, que en lugar de ser espectador-pasivo se convierte en una pieza clave para la comprensión de la obra, completándola con su propia intervención.


Estos conceptos, además de dar una cualidad volumétrica que es meramente física, permiten que penetremos en universos oníricos, amorfos, abstractos, metafísicos… Una serie de mundos intangibles que nos son revelados a través de esas ventanas que son las obras pictóricas.

 


Este artículo está basado en clases teórico-prácticas de Pintura en la Universidad de Bellas Artes de Granada Alonso Cano. En concreto son un resumen de las Vanguardias del Siglo XX con el profesor Miguel Ángel Moleón durante el primer curso de pintura.

Las pinturas que ilustran el artículo, se realizaron durante estas clases (2004-2005).