En el mundo previo a la globalización en la que vivimos, los diseñadores no solían tener en cuenta el amplio espectro cultural y de gustos de los consumidores que iban a comprar los productos diseñados.

Bocetos previos de identidad corporativa © Gudnus.com

Ya, en varios encargos, me ha tocado diseñar alguna identidad corporativa para un país o una cultura con la que no he tenido contacto directo como para saber si mi propuesta estaba bien encaminada o por el contrario no era para nada acertada.

Varias propuestas de identidad corporativa © Gudnus.com

En estos casos, suelo tirar o por colores y formas muy genéricos y neutros, ya que arrastramos un carácter “etnocentrista” que hace que tengamos deformación profesional al uso de determinados colores y formas. Otra opción era diseñar el elemento en cuestión con sus colores más o menos reales y de forma muy icónica: una placa solar, un generador eólico, o juegos tipográficos era mis recursos creativos favoritos.

Como diseñófilo también me llama mucho la atención las muestras de packaging locales, es decir, los productos que se hacen para vender y consumir dentro de un país determinado y que no está previsto ser exportado. También cómo las multinacionales adaptan sus productos a idiomas o mercados para los que no estaban previstos en un inicio.

Se puede aprender mucho de cómo se resuelven estos trabajos: la importancia de las caligrafías, las tipografías, el uso del color asociado a un producto determinado… Lo que para otras culturas puede resultar desagradable y estridente o poco apetecible, para el grupo de consumidores a los que está destinado el producto puede ser extremadamente atractivo.

Es por ello, que un mundo global, lleno de encargos locales con tendencia a convertirse en globales, debe tenerse en cuenta no sólo la aceptación que podría tener el producto fuera de nuestras fronteras sino también que permanezca algo de ese lenguaje local que nos da cierta diferencia en un mundo donde hay demasiados clones en el mercado.