​Uno de mis puntos de inflexión cuando estaba terminando la carrera y tenía las vistas puestas en el diseño industrial como profesión fue el descubrir que los conceptual designers audiovisuales (lo que podríamos traducir como diseñadores de producción, o diseñadores conceptuales)  trabajaban de un modo muy parecido al de los diseñadores industriales tradicionales: reciben un encargo de algún aparato, personaje, vehículo, etc, que aparecerá en la producción; presentan distintas propuestas, se elige una y se realiza un modelo tridimensional.

Diseños de armaduras para la película La Brújula Dorada (© Jake Lunt. Neal Scanlan Studios/New Line)

Antes de que la metodología del design thinking se implantara como metodología a seguir a la hora de llevar un proyecto cualquiera a cabo, este tipo de diseñadores-artistas-artesanos imaginaban cómo debía ser y funcionar una ballesta en un mundo alternativo plagado de máquinas de vapor; cómo debería estar estructurado el interior de una nave espacial supersónica o cómo deberían ir vestidos extraterrestres de aspecto futurista y modales rudos. El límite estaba en la imaginación del conceptual designer… y también en el presupuesto del proyecto.

Diseños de Personajes para la película Stargate de Feng Zhu ©

Hoy me he recordado esa rama tan atractiva y libre que es la de poder diseñar, casi sin límites, una serie de productos que es posible que no existan nunca o no los use nadie nunca (…aunque quién sabe, juguetes de Buzz Lightyear o las zapatillas Nike MAG de Regreso al Futuro, han sido fabricadas a posteriori).

Diseño de vehículos para la película ©Blade Runner de ©Syd Mead